Una de las cosas que más nos puede llegar a preocupar, es lograr contar con un pediatra que entienda nuestro ritmo de vida, y que además de respuestas certeras a todas las dudas que podamos tener como nuevas madres.
En mi caso particular fue una bendición sólo tener que hacer dos visitas, ya que a la segunda me había enamorado profundamente del pediatra....que para mi pesar está en Venezuela y no me lo he podido traer a vivir a España conmigo.
El primer pediatra que visité era un doctor un poco mayor para mi gusto, sin embargo quise valorar el lado bueno, debe tener experiencia. Me preguntó por "la niña" como comía, cuál era la rutina de hacer caca, como dormía, entre otras cosas. Me mandó a desvestirle por completo, y nunca tuvo la gentileza de apagar su potente aire acondicionado, motivo por el cual, mi enana de menos de 1 mes de nacida comenzó a ponerse morada.
Ya por ahí mi molestia comenzaba a subir, posteriormente la midió y pesó. El aire continuaba a mil, la nena se hizo pis encima como tres veces, y luego de aproximadamente 20 minutos de charla, entre que la revisaba y todo lo demás me dijo que la podía vestir. Me regañó por darle leche de formula, le comenté que vivía sola, y que al darle sólo pecho la nena comía cada dos horas o incluso cada hora y media. Me dijo que eso no importaba...es decir, que yo no tenía absolutamente más nada que hacer más que darle pecho a Carlota.
Mi sensación al salir de la consulta, además de pasar como 30 minutos tratando de que la nena entrara en calor nuevamente, fue de sentirme bastante mal, que no lo estaba haciendo bien...entraron en mi cabeza mil dudas, de cómo hacer para que el tiempo me rindiera lo suficiente para poder darle a mi hija lo que necesitaba.
Decidí buscar una segunda opinión, ver si yo estaba loca, o que esto no podía ser la maternidad. Yo sentía que le daba todo el amor que tenía a mi hija, pero que al mismo tiempo necesitaba algo de tiempo para mi, para dormir, comer, bañarme, descansar y despejar un poco la cabeza, por lo menos un rato al día.
Visité mi segundo pediatra, Pedro del Castillo, con el cual cree la más profunda de las empatías. No es un doctor dulce, para nada, no es de los que hablan pequeño a los niños y cosas por el estilo. Sin embargo es un gran profesional que toma en cuenta tanto a la madre como a la nueva criatura que está en tu vida. Recuerdo que sus primeras palabras fueron: "tienes que seguir con tu vida normal, si todos los miércoles ibas con unas amigas a tomar café, pues todos los miércoles irás a tomar café con tus amigas y con Carlota. Ella no vino a quitarte tu vida, vino a formar parte de tu vida".
Que cierto es, hoy que mi hija tiene casi dos años puedo decir que esas palabras han sido una de las principales premisas que he tratado de mantener para la crianza de Carlota. Es cierto que los peques tienen mil necesidades diferentes a las de uno, pero créanme todo se puede. Hay tiempo para todo si te organizas. Pero definitivamente anularte como mujer, como ser vivo por atender a tu hijo, solo logrará que te sientas mal, y que de una manera u otra lo transmitas, incluso a ellos mismos.
Creo, y que sirva como conclusión al momento de escoger el pediatra, es que debe crearse una especia de conexión con esa persona que va a tratar a tu hijo. Ciertamente es muy importante el o los títulos que tenga, la experiencia, el reconocimiento, y muchas más cosas de la carrera que tenga el doctor como tal, pero de igual manera es importante encontrar esa conexión especial, encontrar a ese alguien en quien puedas confiar y que entienda cual es el ritmo de vida que tienes, sin criticar, sino mas bien apoyándote a encontrar soluciones efectivas.
Si eres de las madres que debe dejar a su peque en la guardería a edad temprana (suele pasar en las familias que somos monoparentales), pues encontrar a un pediatra que más que alarmarte por las múltiples infecciones que puede coger tu peque, te brinde apoyo, soluciones. Al final no creo que ninguna madre quiera dejar a sus hijos en las guarderías, si lo hacen es porque deben hacerlo (trabajo, economía, etc.) En base a tener a alguien que entienda, respete y valore cual es tu realidad, y la realidad que puedes brindarle a tu hijo, se crea un vínculo de confianza que se convierte en una relación certera, que en mi caso era lo que esperaba del pediatra de Carlota.
Recuerden siempre que tu eres la madre, la encargada .... y debes estar bien (física y emocionalmente), si tu no estás bien no es posible que tu hijo esté bien.
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